Desmontando mitos sobre la resistencia en Palestina. Por Sebastián Salgado y Jaldía Abubakar
Frente a las narrativas occidentales e islamófobas, este diálogo aborda la legitimidad de la lucha popular, el rol del imperialismo y la profunda transformación en la conciencia de la juventud internacional.
Sebastián Salgado: Alejandro antisionista dice: «Hamás es un invento del sionismo para victimizarse de falsos ataques». ¿Qué dirías vos a eso, Jaldía?
Jaldía: Bueno, la gente que tiene esta mirada orientalista hacia el pueblo palestino la tiene porque, tras tantos años de propaganda sionista menospreciando a la población oprimida, no puede creer que esta sea capaz de actuar de esta forma ni de tener una resistencia tan preparada. Cuesta creer que pueda llevar a cabo una operación y vencer a un ejército dotado con las mejores armas del mundo y la más avanzada tecnología de seguridad; al oprimido siempre parece difícil reconocerle ese mérito. El pueblo palestino tiene una resistencia que no empezó con Hamás y que no va a terminar con Hamás. Siempre ha existido resistencia por parte del pueblo palestino.
Ahora bien, también hay mucha gente que, a veces incluso sin mala intención, cae en la islamofobia creyendo que la resistencia islámica es algo que se debe rechazar per se, o que la religión en sí debe ser descartada. Olvidan que, si bien la mayoría del pueblo palestino es musulmana, también hay muchos cristianos y personas ateas; es una sociedad muy diversa. Sin embargo, en esta ocasión histórica, quienes han liderado y lideran la resistencia son los grupos islámicos. Considerar inconcebible que puedan ejecutar una operación de esta magnitud es, en el fondo, otra forma de menospreciar al pueblo oprimido y dudar de su capacidad.
Lo hemos visto a lo largo de la historia: todos los pueblos colonizados han sido inferiores en armamento, tecnología y recursos materiales, pero la fuerza de voluntad suple esa asimetría militar. Por supuesto que en términos puramente bélicos no estamos a la par de la entidad sionista, que cuenta con el respaldo irrestricto del imperialismo occidental. No hablamos únicamente de Estados Unidos, sino también de Alemania, Francia, Gran Bretaña y todos los países que han ofrecido apoyo militar, tecnológico, mediático y político desde el primer momento.
Por tanto, el pueblo palestino ha estado luchando prácticamente solo, respaldado luego por Yemen —un país que lleva cerca de una década resistiendo la ofensiva saudí avalada por Washington—, por los grupos de la resistencia en el Líbano, como Hezbolá en el sur, y por Irán, nación sometida a más de 40 años de sanciones por parte del imperialismo estadounidense. Por eso, cuando se difunde la patraña de que Hamás es una creación directa de Israel, conviene reflexionar sobre las consecuencias: ¿habría permitido Israel un golpe de semejante magnitud si tuviera el control total? Si hubiesen necesitado una excusa, la habrían fabricado de cualquier otra forma. La realidad es que no precisan pretextos para bombardear Gaza o probar armamento sobre la población de la Franja o de Cisjordania.
No necesitan justificaciones, pero si hubiesen querido montar una operación de falsa bandera, habría sido un ataque mínimo que no quebrantara su mito de potencia invencible ante el mundo. Y los resultados están a la vista: si bien el pueblo palestino ha pagado un costo altísimo, con una Gaza devastada y decenas de miles de personas asesinadas, en la otra orilla la reputación internacional de la entidad sionista ha quedado rota. Aquel 7 de octubre sacudió al planeta entero; lo vimos con las universidades movilizadas en Estados Unidos y la juventud organizada en manifestaciones multitudinarias a lo largo y ancho del globo. Lo verdaderamente crucial no es solo el número de asistentes, sino el salto cualitativo: la comprensión profunda que hoy existe sobre la causa palestina y sobre la legitimidad de su lucha y resistencia.
Antes, frente a cada ofensiva contra Gaza, la gente salía a las calles principalmente movida por la compasión, conmovida por las imágenes de mujeres y niños asesinados; se limitaban a pedir un alto el fuego y el asunto se diluía. Hoy, en cambio, la juventud entiende con claridad que esto no es una disputa religiosa ni una ocupación convencional, sino un proceso de colonización de asentamiento, y en consecuencia exige la descolonización de Palestina. Cada vez más sectores comprenden que el proyecto sionista carece de legitimidad moral y que debe ser desmantelado para liberar a la región de esa lacra, demandando la emancipación de toda Palestina desde el río hasta el mar.
Este giro se produce tras décadas en las que la entidad sionista instrumentalizó el genocidio nazi para erigirse en víctima perpetua e incuestionable, un relato que hoy pierde tracción. Antes, la etiqueta de «antisemitismo» bastaba para censurar a cualquiera que apoyara los derechos palestinos; hoy esa acusación ha perdido gran parte de su efectividad coercitiva. Hay hitos del Diluvio de Al-Aqsa que ganarán nitidez con el tiempo, pues esta transformación en la conciencia global es irreversible, sin importar cuántos recursos sigan destinando a la propaganda y a la desinformación.
Fuente: Canal de youtube de Data Urgente