Irán y la Resistencia en Asia Occidental: Estrategia militar, batalla narrativa y el fracaso de Occidente. Por Sebastián Salgado

Sebastián Salgado, analiza, sobre la situación geopolítica en Asia occidental destaca la firme resistencia de Irán y sus aliados frente a las agresiones de Estados Unidos e Israel. Se denuncian las graves bajas militares y los daños materiales sufridos por las fuerzas estadounidenses, incluyendo la censura informativa y el repliegue de sus bombarderos estratégicos ante el alcance de los misiles iraníes. Asimismo, se resalta el fracaso del anglosionismo para doblegar el control del estrecho de Ormuz y el avance de los movimientos de resistencia en la región, como Ansarolá en Yemen. Mientras Occidente recurre a una retórica belicista vacía, el pueblo iraní se muestra unificado y preparado para defender su soberanía. Finalmente, concluye que la fortaleza de los procesos de liberación radica en su base popular y horizontal, superando con éxito los duros golpes a sus liderazgos.

En esta semana queríamos compartir con ustedes, primero, recordar una fecha tan pero tan especial, impactante y particular como lo que sucedió un día como hoy, 7 de octubre, pero hace tres años, en el que el movimiento de Resistencia Islámica, Hamás, ofreció una resistencia que el sionismo no había conocido. Más allá de las consecuencias posteriores, siempre es importante reivindicar los procesos de liberación por todos los medios.

En ese sentido, nos parece importante también enfatizar el acompañamiento que desde la resistencia ha venido haciendo la República Islámica, que es aquella nación que nunca miró para otro lado, que siempre supo estar al lado del pueblo palestino, al punto de que su defensa de la dignidad humana la ha llevado a tener un enfrentamiento abierto, sobre todo durante este año a partir de los ataques del 28 de febrero.

A partir de eso, lo que vino hasta este tiempo ha sido una serie de victorias muy contundentes en el plano político, cultural, económico y militar. Es por eso que vemos a Donald Trump armarse de estructuras narrativas, queriendo dar a entender como si hubiera conseguido algo después del martirio del ayatolá y del infanticidio de las niñas de Minab. Lo único que han logrado es que el pueblo iraní se una más que nunca frente al dolor y al asedio de Occidente.

En este momento en que se acercan las elecciones de Estados Unidos, vemos que el presidente Trump parece empantanado en su propia estructura narrativa. Amenaza, pero al mismo tiempo se da cuenta de que no tiene un respaldo por parte de la propia población estadounidense a las acciones bélicas que están llevando adelante. La realidad es que todas las certezas que existen en Irán sobre esta gran victoria que ha unificado al pueblo —y que se prepara para seguir resistiendo en el momento en que haga falta— se convierten en incertidumbres del otro lado, porque ellos están ocultando incluso las cifras de la realidad económica y de las bajas militares.

En esta última semana, el senador demócrata Chris Murphy viajó al Golfo Pérsico y quiso ingresar, ya que su investidura se lo permite, a la base militar estadounidense en Qatar, que fue una de las que recibió fuego desde el país persa como respuesta a los ataques. Obviamente, lo primero que hace Irán es atacar esas bases militares estadounidenses; nunca atacó a los países del Consejo de Cooperación del Golfo. De hecho, se ha visto a la población local celebrar los misiles iraníes que entran en su territorio de manera quirúrgica contra las bases.

El senador Chris Murphy está denunciando en este momento que, por primera vez en casi 30 años de carrera senatorial, no se le permite ingresar ni se le permitió tener reuniones de alto nivel con los comandantes militares que todavía permanecen en esa parte del mundo. Esto deja en claro, por un lado, que Estados Unidos sigue ocultando el nivel de devastación que hay en sus bases militares y el número de bajas (se habla de hasta 900 bajas estadounidenses). A partir de eso, se evidencia que EE. UU. se ha metido en una guerra por una agenda sionista que a la hora de la verdad no sale a respaldar las acciones militares, porque evidentemente tampoco quieren vincularse a esa derrota. En muchos casos dejan de manera abierta a quiénes pertenecían los drones derribados; hay decenas de aviones y drones.

Los drones Reaper, que son de ataque y muy sofisticados (del tamaño de un avión), y lo que en las últimas semanas hemos visto como drones submarinos no tripulados (relativamente pequeños pero detectados al intentar atravesar el estrecho de Ormuz), muestran un desarrollo en el ámbito militar de la República Islámica que ellos no esperaban. Por un lado, los misiles hipersónicos y los balísticos que entraron en los cielos de Tel Aviv sin mayores problemas fueron el principal motivo por el cual ellos mismos buscaron un alto el fuego.

Es importante esto que estamos viendo esta semana, donde los Estados Unidos están prácticamente dejando de utilizar una de sus principales bases aéreas de bombarderos en el Reino Unido, porque estaría quedando al alcance de los misiles iraníes. Los altos mandos de la República Islámica han dejado en claro que ya están absolutamente recuperadas todas las estructuras de defensa, lo que incluye lógicamente el desarrollo misilístico, y que sí estaban trabajando para que tuvieran mayor alcance. Después de esas declaraciones, EE. UU. tuvo que retirar sus principales bombarderos —que son aviones muy poderosos— de la base británica porque ya no les brindaba seguridad.

Es indispensable dimensionar: si ni siquiera están a salvo en las cercanías de Londres, ¿qué es lo que pueden llegar a querer hacer en Asia Occidental? Fue vergonzosa la manera en que prácticamente la tripulación de los portaaviones estadounidenses se amotinó y se sublevó, atacando las propias instalaciones. Veíamos ahí problemas muy importantes en la logística, con sabotajes que seguramente provinieron de los mismos marines estadounidenses, quienes generaron incendios y destrozos en los baños. Veíamos las oleadas de porquería que iban de un lado al otro del propio portaaviones, el cual tuvo que regresar a Grecia para mantenimiento. Lo cierto es que no quieren llegar al Golfo Pérsico; hubo incluso suicidios de militares estadounidenses ante el pánico que esto les provoca.

Seguramente la pasada reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas pudo haber sido un punto de encuentro para generar reuniones bilaterales, pero lo único que encontraron —tanto Trump como Netanyahu, quien dio su discurso ante un auditorio vacío— fue la oportunidad de seguir adelante con esa retórica belicista a pesar de la derrota, simplemente porque las estructuras de esos países están hechas a partir de la ocupación y del asedio militar que generan contra otros pueblos.

En ese sentido, como contracara, uno ve a los altos mandos de la República Islámica con la serenidad a la que nos tienen acostumbrados, prácticamente burlándose, pero de manera diplomática y con altura, recordándoles que están dispuestos al diálogo, pero también a la defensa por los métodos que consideren necesarios para salvaguardar la seguridad del pueblo iraní. Recordemos que Estados Unidos, aparte de causar el martirio del líder máximo y el infanticidio en Minab, ha atacado canchas de fútbol y uno de los principales puentes que conecta la capital, Teherán, con otras provincias, generando decenas de víctimas. Han atacado el hospital Gandhi de Teherán y han atacado una sinagoga. Israel, recordemos, atacó una sinagoga judía en Irán. Allí se encuentra una de las poblaciones judías más antiguas de Asia Occidental, y esos judíos están orgullosos de ser iraníes y forman parte de esa sociedad.

Sin embargo, Israel ha puesto a esa sinagoga dentro de sus objetivos militares, tal vez porque no ha llegado a algún acuerdo para que esa comunidad religiosa opere a favor de los intereses de Tel Aviv, o por lo menos eso es parte de la información que hemos podido conseguir. En ese contexto, evidentemente, el pueblo iraní ya no está pendiente de los discursos de Trump. Nosotros, desde un punto de vista del análisis periodístico, tampoco. Creo que simplemente pueden servir para pensar que Trump generalmente hace lo contrario de lo que dice.

En el momento en que él dé indicios de que está por continuar el diálogo o abrir alguna nueva mesa de negociación diciendo que Irán no va a poder construir su bomba atómica (a pesar de que Irán no tiene interés en eso y existe una fatua, un mandato islámico que deja absolutamente claro que el desarrollo nuclear de Irán no está pensado para armamento atómico, algo que evidentemente tampoco les hace falta gracias a su desarrollo misilístico), tal vez las cosas cambien. Esa asimetría militar existente —porque Israel tiene decenas o tal vez cientos de cabezas nucleares e Irán no tiene ninguna— es lo que hace que continúen con esta estructura amenazadora mediante la cual no permiten la paz en esa región, más allá de la ocupación y el asedio contra el pueblo palestino.

Así es que, María, Carlos, nos da la sensación de que, por lo menos en un contexto como este, el anglosionismo no se va a atrever a volver a realizar un ataque de la manera en que lo vimos a partir de febrero de este año, porque las consecuencias han sido devastadoras para ellos y no han podido volver a controlar el precio del petróleo. Vemos que el control absoluto del estrecho de Ormuz está en manos de Irán, siempre abiertos al diálogo. A partir de eso, con sus socios saudíes, habían pensado que podían doblegar al pueblo y que el estrecho de Bab el-Mandeb, en el mar Rojo, podía ser una herramienta mediante la cual Arabia Saudita sacara ese petróleo condicionado por los intereses estadounidenses.

Bueno, tampoco pudieron con el movimiento de resistencia Ansarolá de Yemen (o los hutíes, como algunos los conocen). Por el contrario, ante el ataque contra ellos, el movimiento de resistencia en esta fecha tan emblemática ha logrado recuperar territorios que todavía eran controlados por las fuerzas de Adén, que son un apéndice de los intereses saudíes en el sur. Contrariamente a lo que pensaron, han perdido una parte importantísima del territorio, y son cada vez más los puertos y las ciudades que controla el movimiento Ansarolá, prácticamente en la totalidad de Yemen.

Así es que la resistencia muestra una vitalidad importante, más allá de los duros golpes que le ha tocado asumir también con los ataques a su dirigencia. Estoy pensando en Qasem Soleimani en Irak, en Sayyid Hassan Nasrallah en el Líbano o en Ismail Haniyeh, martirizado en Irán. Sin embargo, estos movimientos siguen adelante porque tienen una estructura y una base popular en la cual, más allá de la importancia de los liderazgos, hay una resistencia con una impronta horizontal donde los pueblos armados están dispuestos a defender su identidad, su cultura y su territorio. Eso es algo que todavía los intereses occidentales no han podido resolver.

Por aquí queríamos sumar estos elementos para dimensionar el tiempo que se está viviendo y, a partir de eso, intentar ver un poco hacia adelante sobre la realidad y actualidad de Asia Occidental.

Desde aquí, su amigo Sebastián Salgado.

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