En vísperas del 1 de noviembre, Argelia conmemora su revolución
El domingo 1 de noviembre, Argelia conmemorará el 72º aniversario del estallido de la Revolución de 1954, la cual constituyó una escuela de lucha y una epopeya humana, redefiniendo los principios de la liberación en todo el mundo.
La Revolución de Liberación Nacional constituye una epopeya singular que dio una nueva dimensión al concepto de soberanía, al demostrar que la verdadera emancipación comienza con la afirmación de la voluntad nacional, antes de romper las cadenas del colonialismo.
Tras la confiscación de sus tierras y la privación de su propia ciudadanía (ya que Argelia pasó a ser parte de la propia Francia y, por ende, sólo los ciudadanos franceses gozaban de derechos plenos), el hambre y la desesperación se habían vuelto moneda corriente desde la ocupación francesa comenzada en 1830.
Fue la culminación de un largo proceso de lucha durante el cual el pueblo argelino demostró constantemente su apego a su tierra, su historia y su identidad profundamente arraigada, confirmando así “el espíritu de resistencia inherente al carácter argelino” y consolidando “el sentimiento de apego a la soberanía nacional en la conciencia de la nación“, como afirmó el presidente de la República, Abdelmadjid Tebboune, en una ocasión.
La fidelidad a este legado de luchas sucesivas sigue siendo “la brújula” que guía a Argelia, en esta etapa delicada ”hacia la consolidación de los cimientos del Estado nacional y la promoción de un patriotismo integrador, capaz de movilizar a los patriotas comprometidos y a las fuerzas vivas del país, especialmente a los jóvenes, para protegerlo de las turbulencias que atraviesa el mundo”, subrayó el presidente de la República.
Hoy, la fidelidad de la Nueva Argelia victoriosa al mensaje eterno de la revolución se manifiesta, en particular, en su apego a los principios de la Declaración del 1 de Noviembre de 1954, considerada un documento de referencia, una hoja de ruta y una fuente permanente de inspiración.
Dicho documento marcó el inicio de la guerra de liberación, en la que se invitó a todos los argelinos a participar enérgicamente en la lucha armada por la libertad y el restablecimiento de la soberanía nacional. El llamamiento justificaba el recurso a medios militares ante el fracaso de las soluciones políticas. Por esta razón, la lucha armada se había convertido en el único medio eficaz contra el colonizador francés.
Este texto refleja la visión de los dirigentes de la Revolución que lo redactaron y cuya perspectiva estratégica a largo plazo, que combinaba el enfoque revolucionario con el realismo político, permitió unificar las filas y superar las divisiones en aras del interés supremo de la patria, otorgando así una nueva dimensión al concepto de emancipación.
Al mismo tiempo, la Declaración situó la voluntad popular en el centro de la lucha por la soberanía y liberó la toma de decisiones nacionales de toda influencia externa o imposición ideológica, al defender la soberanía y la independencia de decisión.
También cerró el paso a los proyectos de “reforma progresiva”, “asimilación” o “autonomía limitada” promovidos por la ideología colonial, al establecer el principio de una liberación total, inseparable del ejercicio de una soberanía plena y absoluta.
La influencia de la gloriosa Revolución de Liberación trascendió ampliamente las fronteras nacionales e inspiró a los movimientos de liberación de África, Asia y América Latina, demostrando a los pueblos oprimidos que la victoria está al alcance de quienes están convencidos de la legitimidad de su causa.
Los sacrificios del pueblo argelino, la fuerza de la Revolución de Liberación y la eficacia de la diplomacia revolucionaria contribuyeron de manera decisiva a la aprobación, en 1960, por la Asamblea General de las Naciones Unidas, de la Resolución 1514 (XV), relativa a la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, que se convirtió en una referencia internacional para el desmantelamiento del sistema colonial.
La potencia colonial se vio así obligada a doblegarse ante la voluntad de un pueblo que había soportado durante 132 años las peores formas de opresión y tiranía y sufrido crímenes de lesa humanidad, entre ellos las masacres del 8 de mayo de 1945, que desempeñaron un papel decisivo en la consolidación de la opción de la lucha armada.
Este texto fundacional volvió a cobrar protagonismo tras la aprobación, por una abrumadora mayoría, en la Cuarta Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, de un proyecto de resolución que reafirma el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación. Durante los debates, Argelia reiteró su posición constante sobre esta cuestión. Su representante permanente ante las Naciones Unidas, Amar Bendjama, afirmó que “ninguna parte tiene derecho a conceder la soberanía sobre este territorio, ya que el único titular de la soberanía es el pueblo saharaui“.
El fortalecimiento de la conciencia nacional y la afirmación de la voluntad de lucha del pueblo argelino condujeron a la creación de la Organización Especial (OS) en 1947, que dio paso, en marzo de 1954, al Comité Revolucionario de Unidad y Acción (CRUA).
Esta reunión condujo a la decisión de constituir el Grupo de los Seis, que preparó el estallido de la gloriosa Revolución del 1 de Noviembre el 23 de octubre de 1954, transmitiendo así a la opinión pública internacional un mensaje claro: lo que ocurría en Argelia era una revolución organizada y una guerra de liberación, y no simples “acontecimientos” protagonizados por “forajidos”, como sostenía la administración colonial francesa.
Setenta y dos años después, el pueblo argelino, que protagonizó una de las mayores revoluciones de la historia contemporánea, “sigue profundamente comprometido con la Argelia victoriosa, sus decisiones soberanas y sus logros sin precedentes, consciente de la importancia estratégica de la etapa actual, cuyo objetivo es situar al país, en un futuro próximo, entre las naciones emergentes“, como afirmó anteriormente el presidente de la República.
Tebboune también destacó durante su última entrevista con representantes de la prensa que Argelia, fiel a su independencia de decisión en las relaciones internacionales, goza de respeto en el mundo como “un verdadero factor de paz y estabilidad regionales“.
FUENTE: APS – EMBAJADA DE ARGELIA EN BUENOS AIRES – AFRINZ RU